La generación del #Ni Una Menos: militancias y juventudes
Desde aquel 3 de junio de 2015, Ni Una Menos se estableció como un evento fundante del feminismo argentino contemporáneo, signado por la incorporación de las jóvenes a las calles y a la militancia feminista. La primera marcha del movimiento se convirtió en un momento de quiebre en las biografías de miles de mujeres jóvenes.
“Paren de matarnos” fue el grito común con el que mujeres de todo el país le cambiaron la cara a la violencia machista. Matar mujeres dejó de ser un problema de la vida privada y pasó a ser un problema público, poniendo al Estado como responsable y rastreando los orígenes de la violencia en lugares donde no se había mirado con ese alcance ni con esa profundidad: una desigualdad estructural que se reproducía cada día en todos los ámbitos de nuestras vidas. La movilización por el miedo y el dolor pasó a organizarse en nuevos espacios feministas y también se transformó en nuevas demandas y formas de participación dentro de los espacios e instituciones tradicionales que se enlazaron con una renovación generacional de los feminismos.
En familia, con amigas, compañeras del colegio, de la universidad o del trabajo, las mujeres jóvenes salieron a las calles en esa primera marcha histórica que marcaría el pulso de la participación política los próximos años. Quienes participaron de esa primera convocatoria bajo la consigna Ni Una Menos se consolidaron como una unidad generacional, mujeres jóvenes que vivieron en carne propia las experiencias y discusiones del feminismo a partir de ese momento, compartiendo una interpretación común y reconociendo que esos entendimientos comunes se traducían en la necesidad de acción colectiva. Esa presencia masiva de mujeres jóvenes y adolescentes, entonces, tomó formas que no acabaron en la manifestación por un reclamo específico, sino que desplegaron un amplio repertorio de actividades y expresiones.
La denominada “revolución de las hijas” ilustró el giro numérico y generacional de la protesta, que necesariamente encontró a mujeres feministas de mayor edad con aquellas jóvenes que hallaron en el feminismo un ingreso a la discusión pública y la militancia política. La incorporación de las mujeres jóvenes a organizaciones feministas ya existentes y la participación en eventos y espacios políticos de larga data, como los Encuentros Nacionales de Mujeres y la Campaña por el Aborto Legal, Seguro y Gratuito, contribuyeron a la expansión del movimiento feminista luego de la primera marcha Ni Una Menos. Pero esta canalización de nuevas demandas y reivindicaciones no se hizo presente solo en esos ámbitos exclusivamente feministas, sino que se materializó en la apertura de otros espacios de discusión heterogéneos.
Ni Una Menos también aparece como un punto de partida para la participación política de las mujeres jóvenes en otros espacios preexistentes y conformados por generaciones intermedias, como partidos políticos, centros de estudiantes y sindicatos. Trazando una mirada histórica, los gobiernos kirchneristas habían propiciado el contexto para la proliferación de las militancias políticas, apelando a las juventudes como sujeto de transformación y a través de políticas destinadas a la educación, a la cultura y a los derechos políticos de los jóvenes. Con Ni Una Menos, esas mujeres jóvenes, con o sin militancias previas, fueron llamadas a la calle a defender sus vidas con el valor que se merecen y a reclamar lo que les faltaba.
La impronta juvenil y feminista marcó esta nueva forma de participar políticamente. No se trató de filas rejuvenecidas y feminizadas en viejas estructuras con agendas estáticas. La convocatoria fue “a discutirlo todo” y allí fueron, logrando una evidente transformación de los espacios políticos tradicionales. La prepotencia y participación de mujeres militantes en estos espacios inició procesos de modificaciones internas, con la proliferación de ámbitos específicos para la organización de mujeres y su agenda, la creación de protocolos de intervención en situaciones de violencia de género dentro de las organizaciones, así como el impulso de secretarías y comisiones de género en ámbitos institucionales.
Con sus propios repertorios de acción, las mujeres llevaron adelante una diversidad de acciones para que sus demandas atraviesen la agenda de cada uno de estos espacios en los que se identificaron y a los que, a su vez, interpelaron. De esta manera, la identidad colectiva de esta generación política fue construyéndose a partir de cambios más pequeños y paulatinos, como de puntos más álgidos y masivos que continuaron construyendo hitos de la vida política argentina luego del 3 de junio de 2015.
La presencia masiva de las juventudes feministas en las calles reclamando por sus demandas se materializó en conquistas concretas, algunas de ellas que se volvieron a convertir en desafíos: la creación del primer Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad (hoy eliminado), la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la Ley Micaela y la Ley Brisa, el Cupo Laboral Travesti-Trans, y la Ley de Paridad en las listas. Todo esto acompañado de los hitos políticos que las hicieron carne en cada feminista: paros internacionales y nacionales feministas, la marea verde y sus pañuelazos, y las movilizaciones pidiendo justicia para cada piba asesinada por ser mujer.
A once años de aquel grito inicial, nos encontramos en un momento en el que las juventudes feministas volvemos a salir a la calle masivamente a resistir el desmantelamiento y el desconocimiento de los avances que logró el feminismo desde el primer Ni Una Menos. Las que marchamos hoy heredamos la memoria de aquellas calles y plazas repletas de pañuelos y pancartas para continuar luchando para que no sigan matando una mujer cada 31 horas. La potencia del Ni Una Menos permanece intacta, reinventándose en cada reclamo contra la precariedad y la violencia estructural que hoy golpea con nuevos rostros. En este presente, ser joven y mujer invita a pensar la posibilidad de un futuro diferente a través de los nuevos desafíos que nos interpelan para construir una sociedad mejor. Si en algún momento se preguntó dónde estaban las feministas: las mujeres jóvenes y feministas estamos acá, seguimos más presentes que nunca y con ganas de seguir discutiendo todo.